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Una opinión sobre el desarrollo de Infraestructura en el mundo

Fiebre de energía

Fiebre de energía

Para el año 2050, la demanda mundial de energía se va a duplicar. Colombia tiene que aprovechar las oportunidades que de allí se desprenden; en especial en el sector eléctrico. El Gobierno debe evitar errores que opaquen esta perspectiva.

El mercado energético del país se ha sacudido con la firma de un preacuerdo entre Colinversiones y Gas Natural de España para lanzar una Oferta Pública de Acciones (OPA) por los activos de Epsa, la Empresa de Energía del Pacífico, una de las pocas operaciones integradas del sector eléctrico en Colombia, por US$1.100 millones.

La sorpresa se debe a que Colinversiones es un actor que apenas lleva un par de años en el sector de energía y, de ser un fondo de inversiones, resultado de la venta de Coltabaco a Philip Morris, -diversificado, no relacionado, ni sinérgico, con participaciones minoritarias y sin gobernabilidad en sus inversiones- se enfocó en el negocio de energía, a tal punto que logró atraer la atención de Inver Argos, que hace parte del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) y que hoy es su mayor accionista con el 44% de participación. Así, en cuestión de meses se convirtió en un jugador de peso en el mercado nacional de energía y, de concretarse el negocio con Epsa, podría quedar entre los cuatro jugadores más grandes del sector de generación de energía, con una capacidad instalada cercana a los 1.800 megavatios.

El rápido desarrollo de Colinversiones es ejemplo de una tendencia que avanza con fuerza extraordinaria: la consolidación de la energía eléctrica como uno de los sectores de mayor atractivo de largo plazo en la economía colombiana. El sector está atrayendo una amplia gama de jugadores que son nuevos en el sector, como los grupos económicos y los fondos de pensiones.

¿Qué tiene la energía eléctrica? ¿Por qué se ha convertido en un imán que atrae a los inversionistas? Ellos han entendido el extraordinario potencial de crecimiento del sector. En una economía global, en la que los países emergentes se convierten en el motor del consumo y el crecimiento, la demanda proyectada de energía muestra una curva de rápido ascenso. Colombia aparece como uno de los países que tiene mayor potencial en el mundo para aprovechar las ventajas que se abren en este nuevo escenario.

El mundo necesita energía

La Agencia Internacional de Energía anticipa que la demanda global crecerá en 45% para el año 2030. De acuerdo con un estudio de Suez, Schneider Electric y Total, en el mundo hay más de 1.600 millones de personas que no tienen acceso a la electricidad. Así, el mundo hará una transición hacia nuevas fuentes de energía, pero ella será gradual.

Peter Voser, CEO de Shell, afirmó en la reciente reunión del World Business Forum que, para el año 2050, la demanda mundial de energía se va a duplicar, pero la escala del sistema es tan grande que las fuentes tradicionales seguirán teniendo una participación dominante. Según Voser, una nueva fuente de energía tarda 25 años en alcanzar 1% del mercado. “Los recursos renovables, si se estimulan, podrían suministrar una tercera parte de la energía mundial hacia mediados de siglo. Y casi el 70% restante lo suministrarán la energía fósil y la nuclear”, dijo en el evento.

En este contexto, Colombia aparece como uno de los países con mayor potencial en el mundo para aprovechar la nueva demanda y las oportunidades de negocios que se derivarán de ella. Es uno de los países mejor situados para las décadas de transición que vienen. Además de las reservas de petróleo, tiene abundancia de combustibles fósiles -carbón y gas-; y cuenta con grandes cantidades de fuentes renovables, con un gran potencial para la generación hidroeléctrica. Como lo afirma Juan Guillermo Londoño, presidente de Colinversiones, “el país tiene 90.000 megavatios de potencial desarrollo hidroeléctrico y hoy apenas ha desarrollado unos 9.000”. Finalmente, Colombia presenta buenas condiciones para el desarrollo de nuevas fuentes de energía, como la eólica.

La demanda en Colombia crecerá a la par con las tendencias mundiales. Según McKinsey, el crecimiento del consumo per cápita de energía en Colombia pasará de 923 MWh en el año 2000, a 2.131 MWh en el año 2030. En un escenario de crecimiento medio, estimado por la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), en los próximos diez años el sector crecería a una tasa promedio anual de 3,7%.

Todo esto da respaldo a la designación del sector de energía eléctrica como uno de los sectores del programa de Transformación Productiva del Ministerio de Comercio, con el que se aspira a que este sector alcance un nivel de “talla mundial” para el año 2032. De acuerdo con el estudio en el que se consolida el plan de negocios del sector para lograr esta meta, realizado por McKinsey, Colombia podría pasar de generar US$8.500 millones en ingresos en este sector en la actualidad, a generar al menos US$19.000 millones para el año 2032 y crear más de 15.000 empleos. McKinsey estima que el plan exigiría inversiones por cerca de US$14.000 millones en los próximos 20 años.

Existen grandes oportunidades en generación, transmisión y distribución de energía eléctrica. De hecho, Colombia presenta un desarrollo importante en el área, pues Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) es hoy el jugador más importante de Latinoamérica en el negocio de transmisión de energía, con 38.000 kilómetros de redes que operan en Colombia, Brasil, Perú y Bolivia, y avanza hacia la interconexión con Centroamérica. Además, ya se exporta energía a Ecuador y Venezuela. En el plan elaborado por McKinsey, Colombia consolidaría su presencia en Centroamérica y el sur del continente (Argentina y Chile) en la próxima década. Para 2032 habría logrado presencia en Estados Unidos, México y Canadá.

Existen oportunidades adicionales en la fuerte tendencia global hacia la tercerización de diferentes componentes del servicio, desde la gestión comercial hasta la operación y el mantenimiento; así como en la producción de bienes relacionados.

Los jugadores

En Colombia, el sector de energía eléctrica, que hace poco más de 15 años estaba en manos del sector público y abocado a un racionamiento de energía, se transformó con una tendencia clara: descentralizar el manejo de la energía, darle cabida a la inversión privada y generar unas reglas para el mercado y los inversionistas que le dieran confiabilidad al sistema. Esto permitió diversificar la canasta de generación y pasar de un 90% hidráulico y 10% térmico, por aquellos años, a un 66% hidráulico, 32% térmico y 2% en combustibles líquidos y energía eólica, según cifras de la Asociación Colombiana de Generadores, Acolgen.

Hoy, cuenta con jugadores de gran tamaño, como el Grupo Endesa -con negocios en generación, con Emgesa, y distribución, con Codensa-, Empresas Públicas de Medellín (EPM), la Empresa de Energía de Bogotá, Gecelca, Isagen y la multinacional Aes, entre otros.

Sin embargo, una de sus tendencias es la llegada de jugadores ‘no tradicionales’. En Colombia, por ejemplo, los grandes grupos económicos, en mayor o menor medida, han puesto interés en el sector: el GEA, con Colinversiones; Santo Domingo con una participación en la Compañía Eléctrica de Sochagota y con presencia en Contour Global -un fondo internacional que invierte en energía-; Sarmiento, con inversiones de portafolio a través de Corficolombiana; los azucareros y palmeros con apuestas en etanol y biodiesel, e incluso los grupos de construcción como Odinsa, con inversiones en Chile. Y a ellos se integran los fondos de pensiones (ver recuadro).

Este dinámico panorama se suma a los movimientos de jugadores tradicionales, que vienen cambiando sus posiciones a partir de decisiones tomadas en el ámbito internacional, como ha ocurrido en el caso de la compra de la española Endesa por parte de la italiana Enel y la adquisición de Unión Fenosa por parte de Gas Natural.

Estas dos adquisiciones de empresas hacen parte de una tendencia general hacia la consolidación de operaciones en Europa, donde el mercado de generación y distribución eléctrica se ha convertido en un juego de pocos y de capitales gigantescos. En el mundo, las empresas tradicionales de energía se están convirtiendo en compañías robustas que buscan quedar integradas sectorialmente y alcanzar economías de escala en sus mercados de origen, que les permitan ser más competitivas en momentos de coyunturas complejas como la actual.

Las transformaciones por las que pasan esos gigantes en sus mercados de origen se reflejan en cambios en sus posiciones en los países emergentes. Para realizar las adquisiciones, estas empresas han tenido que aumentar su deuda en momentos en que los recursos escasean, lo que las ha llevado a revisar sus portafolios internacionales.

Por ejemplo, la banca exigió a Gas Natural la venta de activos por 3.000 millones de euros para respaldar la adquisición de Unión Fenosa. En estas condiciones, la oferta que ha hecho Colinversiones por Epsa resulta particularmente atractiva para los españoles. Por su parte, la compra de Endesa, por parte de los italianos de Enel, fue el factor que llevó a esta empresa a vender una participación minoritaria (7%) que tenía en la Empresa de Energía de Bogotá y que no era considerada una inversión estratégica. Sin embargo, los negocios de generación y distribución en Colombia permanecen.

Proyectos y plata

El sector ha entrado en una veloz dinámica de desarrollo de nuevos proyectos en el país. Están en proceso de planeación nueve proyectos que superan los 3.400 megavatios de capacidad instalada y cuya inversión podría ascender a US$6.500 millones de aquí a 2018, según Acolgen, y que garantizarán la energía del corto y mediano plazo. A esto se suman inversiones por $4,3 billones en distribución en los próximos cinco años, de acuerdo con la Asociación Colombiana de Distribuidores de Energía Eléctrica (Asocodis). En el tema de transmisión de energía, ISA acaba de ganar una de las convocatorias y se espera una adicional, ambas por un valor cercano a US$100 millones. Además, se requerirá inversión paralela al desarrollo de los proyectos de generación. También en transmisión, tanto ISA como EEB tienen prioridad en profundizar su estrategia de internacionalización.

De igual manera, otros activos pueden entrar en operaciones de compra y venta. Luego de la venta de Epsa, por parte de Gas Natural, podría seguir Electricaribe, empresa de distribución de la Costa Atlántica y que también formaba parte de Unión Fenosa. “Los activos que tienen las dos empresas fusionadas son muy grandes en Colombia y podrían generar una exposición muy grande y estar sobreinvertidos en el país”, señala un banquero, al explicar la posibilidad de venta de Electricaribe.

Por el lado de las empresas oficiales de generación, el año entrante saldrán a la venta Gecelca -la antigua Corelca- que tiene una capacidad de 1.300 megavatios térmicos, y Urrá, con cerca de 330 megavatios hidráulicos, activos que podrían tener un valor superior a US$500 millones. Podría darse, incluso, que Gecelca adquiriera activos en Tebsa para aumentar su valor.

En el caso de los proyectos de generación que vienen en camino, producto de las subastas de energía, Ituango -el más grande del país, con una capacidad de generación de 2.400 megavatios y una inversión inicial cercana a los US$2.400 millones y que pertenece al Instituto de Desarrollo de Antioquia (Idea) y a EPM-, sacará en los próximos días una convocatoria para entregar en concesión la construcción, operación y mantenimiento de la obra. EPM, que tiene un porcentaje menor al Idea, analiza la posibilidad de participar en el proceso que ha sido mostrado también a empresas asiáticas. Este proyecto ofertó 1.200 MW para la energía en firme. Dada su capacidad, puede generar una cifra similar a la ofrecida al sistema, lo que le permitiría buscar negocios como entregar energía a una planta de aluminio, proyecto por el que han mostrado interés Vale y Alcoa. Además, aún están en remojo la venta de las electrificadoras de Boyacá, Meta, Nariño, Huila y Caquetá, que se han demorado por razones jurídicas y políticas.

¿De dónde saldrán los recursos? Este sector tiene un alto atractivo para la inversión privada. “Cumple con requisitos que a los inversionistas les gusta: son sectores regulados, con ingresos estables, de largo plazo, casi monopólicos y con seguridad jurídica”, dice un banquero de inversión. No es sorprendente que los actores que son capaces de crear oportunidades de inversión en el sector logren atraer los recursos necesarios.

Empresas como EPM e Isagen han estructurado financieramente sus proyectos a partir de recursos propios, deuda con banca multilateral y local, y emisiones de bonos. “En el caso de Porce IV, cerca del 40% son recursos propios y el 60% de financiación: banca multilateral (IFC), banca local y emisiones de bonos”, dice Federico Restrepo, gerente de EPM.

Luis Fernando Rico, gerente de Isagen, cree que es el momento de aprovechar el apetito que hay en el mercado de bonos. La empresa colocará cerca de $800.000 millones en el mercado, para el financiamiento del proyecto Hidrosogamoso, que implica un crecimiento de 40% en su capacidad instalada para Isagen.

Por su parte, según Santiago Montenegro, presidente de Asofondos, el sector de energía tiene varios atractivos como foco para las inversiones de los fondos de pensiones: “son inversiones de largo plazo, como es la naturaleza de los ahorros de las pensiones; con flujos predecibles, usualmente cubiertos contra la inflación; con rentabilidades interesantes y donde las inversiones en Colombia se hacen en pesos, la misma moneda de los ahorros, lo que genera estabilidad”, dice. Cuando se suma a estas variables la perspectiva de crecimiento de la demanda de energía hacia el futuro, el atractivo resultante es incuestionable.

Los fondos de pensiones pueden convertirse en un aliado estratégico para las empresas del sector en su internacionalización. “Los Fondos, como estrategia de largo plazo, van a diversificar los portafolios y van a invertir más en el exterior. Hoy, la exposición es relativamente baja y llega al 10%. La decisión de cada inversión va a depender del retorno asociado y de los vehículos que se utilicen”, señala Montenegro.

Por lo demás, las propias condiciones estructurales del sector llevan a la necesidad de buscar permanentemente oportunidades de inversión. Manuel Maiguashca, ex viceministro de Minas y consultor del fondo Cerrito Capital, considera que las empresas de generación, en particular con recursos hídricos, tienen una producción de caja muy alta. “Una empresa de estas es una máquina de hacer plata, pero el valor del activo es muy grande. Atrapa una cantidad de caja que la obliga a crecer y por eso entran nuevos jugadores al sector”.

Isagen, prueba de fuego

Un evento próximo a ocurrir será determinante para el cumplimiento de las expectativas que existen sobre el sector. Se trata de la enajenación del 57% de Isagen, que pertenece al Gobierno, y cuya venta el ejecutivo necesita acelerar por razones fiscales. Sin embargo, el proceso podría ser contraproducente para el desarrollo del sector eléctrico si lleva a un cambio en la estabilidad de las reglas del juego, que ha sido un factor crítico en la atracción de inversión extranjera hacia el sector eléctrico en Colombia.

El Gobierno espera recibir $3 billones por Isagen, la tercera generadora del país y varios jugadores han mostrado interés. Federico Restrepo, gerente de EPM, manifiesta el interés de la empresa en el marco del respeto por la regulación. “Estamos a la espera de la definición del proceso, previsto para junio de este año. Nuestro interés radica en que los activos de Isagen están en la misma cadena de generación nuestra, lo que permitiría eficiencias”, agrega.

Por su parte, Juan Guillermo Londoño, de Colinversiones, asegura que la compañía está enfocada en materializar el negocio de Epsa, pero “no podemos dejar de mirar otros activos simultáneamente”, dice.

Montenegro, de Asofondos, confirmó a Dinero que el proceso de contratación de la banca de inversión para estudiar una oferta por Isagen está a punto de cerrarse. “Ya somos socios de Isagen y estamos interesados en el proceso de venta, porque es un sector promisorio”, asegura.

A ellos se pueden sumar otros jugadores, incluyendo los fondos privados de inversión internacional, como Brookfield, que tiene operaciones en Brasil o, Contour Global, donde participa la familia Santo Domingo. Podría haber también jugadores asiáticos o brasileños, como Electrobras o Cemig, y no se descarta que un gran jugador como Suez pueda interesarse.

¿Cuál es el problema alrededor de la venta de Isagen? El Gobierno está buscando afanosamente recursos para paliar su déficit fiscal; y la venta de su participación en Isagen está incluida en la planeación fiscal de este año. Sin embargo, a juicio de algunos analistas, el precio en Bolsa de la empresa es muy alto y la valoración que se ha hecho no alcanzaría los cálculos del Gobierno. El tiempo no es el mejor aliado, pues el Gobierno espera vender su parte antes de finalizar el año y un proceso de venta tradicional podría tomarse más tiempo. Por eso está interesado en venderla a EPM, una empresa pública, propiedad del municipio de Medellín, y con quien la transacción sería más expedita por tratarse de una empresa oficial.

Esta situación ha prendido todas las alarmas en el sector, pues EPM quedaría con más del 35% de la capacidad de generación del país, rebasando los límites de la regulación.

Para Maiguashca, “es muy perjudicial concentrar la generación en pocos agentes. La generación se define en un mercado día a día. Si una empresa controla gran parte de la oferta, puede controlar el precio, los méritos del despacho y habría una deformación en el mercado”.

Los críticos señalan que una venta de Isagen a EPM pondría en riesgo un modelo exitoso que ha permitido atraer inversión local y extranjera al sector. “Vulneraría toda la confianza que se ha generado a través de las inversiones de los agentes que le han apostado a un régimen equitativo y que pueden entrar a participar de él. Si queda en manos de EPM, la inversión que podría llegar al sector buscaría otros destinos”, dice un empresario.

El Gobierno decidió elevar una consulta al Consejo de Estado sobre la vigencia de las normas regulatorias, en cuanto a los límites de participación en generación y la franja de potencia. Al cierre de esta edición, el sector eléctrico del país estaba a la expectativa del pronunciamiento que aclararía la posibilidad de que EPM entrara en el negocio.

En suma, el sector eléctrico reúne condiciones que le permitirían convertirse en uno de los ejes de la competitividad internacional del país. El proceso está bien avanzado y los jugadores que han puesto su mirada en Colombia, con el objetivo de hacer apuestas, son de gran tamaño.

Es el momento para sumar fuerzas con el fin de lograr que la tendencia se afiance y las oportunidades se materialicen. Por ejemplo, como lo señala el estudio de McKinsey, es indispensable fortalecer la disponibilidad de capital humano para todas las actividades necesarias en el proyecto.

Más allá de esto, es indispensable que el Gobierno maneje con extremo cuidado la venta de Isagen. Un error en este frente podría dar al traste con la confianza inversionista en uno de los sectores más exitosos en la atracción de inversiones en la última década. Las angustias fiscales de corto plazo no deberían dañar un proceso que se ha construido paso a paso durante cerca de dos décadas.

Filed under: Roads

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